2025: No se ha resuelto el litigio que da origen a este artículo. Conocemos galaxias inalcanzables mejor que a nosotros mismos. Todavía se discute la humanidad de los pensamientos mediatos.
2025: No se ha resuelto el litigio que da origen a este artículo. Conocemos galaxias inalcanzables mejor que a nosotros mismos. Todavía se discute la humanidad de los pensamientos mediatos.
Poco después de que la NASA publicara las primeras imágenes del telescopio James Webb, el año 2022, la obra Théâtre D’opéra Spatial, generada con Midjourney, ganó el concurso de arte digital en la Feria Estatal de Colorado (EUA). Las protestas surgieron con mayor rapidez que el resultado visual del prompt de Jason M. Allen, su autor, exigiendo reglas más estrictas para distinguir la autoría humana de los algoritmos y que determinen la descalificación.
Se considera que el boom de las IA se torna ecuménico a finales del 2022, con el acceso libre a ChatGPT. Poco antes, en 2021, modelos como DDPM y Latent Diffusion recién habían sentado las bases para Midjourney, Stable Diffusion y DALL·E 2, y es por lo que a la fecha del certamen las bases de la Feria Estatal de Colorado no contemplaban nada con respecto al uso de inteligencia artificial. La decisión del jurado se mantuvo firme, lo que evidencia respeto por las reglas (dura lex, sed lex). Pero, además, Allen tenía sólidos argumentos a su favor: Midjourney estaba en fase beta y tuvo que emplear más de 600 prompts antes de llegar al definitivo, invirtiendo más de 100 horas de trabajo, editó la imagen con Photoshop y, finalmente, la amplió usando Gigapixel AI. Fin.
Pero, no. Este capítulo solo había sido el preámbulo de una tormentosa travesía legal para el registro de la propiedad intelectual que comienza cuando, a finales del 2022, toca las puertas del buró del copyright estadounidense. Quién y cómo hizo la obra es el quid de la cuestión, y hasta qué es una obra de arte, si a ver vamos. En septiembre de 2023, la United States Copyright Office (USCO) denegó su petición por considerar que la autoría humana era insuficiente.
La Oficina asumió que el contenido visual dominante había sido creado por un sistema de inteligencia artificial y la ley norteamericana solamente reconoce derechos de autor a los seres humanos. Tras apelar la decisión, el órgano revisor de la USCO confirmó que, sin autoría humana suficiente, no hay derechos de autor. En 2024, Allen llevó el caso a los tribunales federales de Colorado, pudiendo eventualmente llegar hasta la Corte Suprema de Justicia y convertirse en precedente judicial sobre la autoría de obras de arte en la era de la inteligencia artificial generativa.
El periplo jurisdiccional de Jason M. Allen nos recuerda a las hazañas de Jasón, en las Argonáuticas de Apolonio, para hacernos esta pregunta: ¿alguien duda de que Jasón sea el héroe de la epopeya?, ¿quién obtuvo el vellocino de oro y lo llevó a Tesalia, Jasón o Argos, el artefacto naval más extraordinario de su tiempo? ¿O fue la magia de Medea, las cualidades sobrehumanas de los argonautas y el poder de las divinidades que intervinieron ayudándolo?
En marzo de 2023, la USCO había publicado inéditos criterios para el registro de obras que contengan material generado por inteligencia artificial, y que podrían favorecer en parte a las pretensiones de Allen, pero su caso presenta el escollo de la anterioridad de los hechos y la aplicación a futuro de la norma. Además, el Statement of Policy acarrea consigo una marejada de dudas sobre dónde comienza y dónde termina la autoría humana.
Obra de arte y autor suponen una necesaria relación de causalidad y si Jason M. Allen no es el autor «suficiente», entonces ¿quién lo es? La condición no humana del creador como barrera legal para su registro es comprensible por el principio de legalidad, pero ha dejado entrever que la existencia de una obra de arte no dependería, en su esencia, de quién o qué la imagina y realiza. La pretendida trazabilidad de la frontera entre lo humano y lo artificial está claro que será una ficción legal arbitraria, como también lo es la personalidad jurídica. La USCO desplazó la cuestión de fondo a una órbita más universal, pero quizás la respuesta esté un poco más cerca, al interior de nuestro ser: ¿no será que los outputs de la inteligencia artificial, creada por humanos y entrenada con conocimientos humanos, son también creaciones humanas? —